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Palabras que Sanan parte 1

Palabras que sanan
Restaurando al niño interior

nino sano

“Un niño sano Será un hombre feliz”.

Abrir una puerta generalmente denota la acción de entrar o salir.
Por apertura en este caso hablamos de abrir o abrirse. En el caso práctico que nos incumbe en esta ocasión, abrirnos al cambio, la transformación o restauración de un niño herido que desde las profundidades del ser clama por una vida más digna, sana, libre y feliz. Jardín donde florece la felicidad en medio de la inocencia y creatividad que acompaña a los niños en el país de la armonía interior que estos hermosos seres viven.
Cuando nosotros los adultos de hoy fuimos niños, quizás nos enseñaron y corrigieron de mil maneras las personas de nuestro entornó familiar y social, donde las palabras jugaron un papel protagónico, único, privilegiado y especial. Al decir privilegiado me refiero a la importancia que dábamos a las mismas, aunque no necesariamente eran positivas o benéficas para nuestro ser. En ese escenario donde las palabras formaban nuestra personalidad hay que resaltar la importancia e impacto de las mismas en nuestra psiquis y emociones de niño o niña.

“Hoy en día cuando observamos el rostro de las personas podemos ver con claridad cuál ha sido su diálogo interior de los últimos años”. Louise Hay. Teniendo en cuenta las palabras de esta Maestra, tenemos que para estos, cuando fueron niños, las palabras y modelos educativos y de crianza que recibieron de los suyos constituyeron un diálogo interno que les acompañaría hasta el fin de sus días.

Energía y poder de las palabras

Cada vez que nos comunicamos más allá de los sonidos que emitimos en nuestra voz, estamos transmitiendo energía y poder en los contenidos lingüísticos que usamos. En esa medida las palabras tienen poder liberador o esclavizante en el receptor. Siendo un poco gráficos, pongamos el siguiente ejemplo: El Padre le dice a su hijita de 7 años “María te amo”. Esa palabra tiene un corrientazo eléctrico muy poderoso que afectará positivamente la parte emocional de la niña y creará en su cerebro un poderoso recurso de auto aceptación personal que hará de María una persona amorosa y sana emocionalmente, que a la vez será multiplicadora de ese afecto y amor recibido por su padre.

En otro entorno, una Madre le dice a su hijo Nicolás de 6 años “Estúpido, eres un bueno para nada”. Estas palabras también cargadas de energía o corrientazo eléctricos afectarán negativamente las emociones de Nicolás, creando en su cerebro un ancla negativa de rechazo al afecto de terceros y a la vez una constante sensación de incapacidad para hacer las cosas, pues ese fue el programa que instaló su madre en él, y que a lo largo de su existencia el seguirá ejecutando en piloto automático como virus informático que silenciosamente irá contaminado la totalidad del sistema hasta hacerlo colapsar.

Palabras que sanan; el arte de restaurar y sanar heridas

Ahora bien, después de haber tocado la superficie de las consecuencias de las palabras que recibimos en nuestra niñez o que en la actualidad veníamos usando mal con nuestros hijos o niños del entorno, pasaré a dar una serie de ejemplos reparadores a partir de sencillas palabras que usamos en el diario vivir y el significado que a nivel Neuro-psicológico le damos.

No es la panacea que lo cura o sana todo, más es un aporte desde mis años de experiencia como Mentor, Coach y Terapeuta donde he observado los múltiples beneficios de cambiar el lenguaje y sentido de las palabras que usamos en la comunicación con otros seres humanos con los que constantemente nos encontramos. Estos ejemplos, recomendaciones y ejercicios que comparto a continuación en ningún caso sustituirán el procedimiento terapéutico y clínico que en muchos casos necesitarán personas que estén altamente afectadas, heridas y traumatizadas por los contenidos lingüísticos recibidos en su niñez y a lo largo de su historia personal, sin embargo, las herramientas y recursos que compartiremos aquí serán educativos, orientativos, para comprensión o concienciación de nuestros seguidores. No obstante, en algunos casos estos pueden ser terapéuticos y reparativos cuando la herida o trauma son de menor impacto emocional y no patológicos y profundos.

Alfabeto sanador; un nuevo modelo de comunicarnos con nuestro niño interior.